Cine y espiritualidad.
Todos los conflictos son mostrados desde un punto de vista inocente, como si se tratara de la mirada de niños o de campesinos. O de abades de monasterios, algunos de los cuales con toda seguridad han regresado a la bondad y a la inocencia originales, prístinas, en virtud de su forma de vida y de sus prácticas meditativas. La lata de coca cola; el detergente para la loza que el lama emplea para lavarse el pelo, pues la loza, el pelo o las manos, qué diferencia tienen, son Uno; el mundial de fútbol, visto con entusiasmo por los jóvenes monjes. El conocido y familiar choque tradición – modernidad, cultura local – cultura global, es mostrado con sencillez, sin dramatismo, con inocencia. Incluso el exilio forzado de los tibetanos y el autoritarismo chino aparecen como fenómenos a los que se les resta dureza; son hechos de la vida tal como viene.
En aquel apartado rincón, al que sin embargo llegan gaseosas y una que otra antena parabólica para la televisión, la enseñanza del Buda recreada desde hace 2500 años, permanece en las fábulas, los ritos, el estudio, la práctica, la vida comunitaria. El abad escribe que desea regresar al Tíbet, se pregunta cuál es el recuerdo o la imagen que los jóvenes monjes tienen de su país de origen y piensa día a día como promover que perdure la enseñanza tradicional en un mundo en movimiento, en que los jóvenes se enfrentan a realidades que él ni siquiera imaginó. Sin embargo, en la película ellas se ven lejanas, muy lejanas, aparecen como anécdotas y no como amenazas reales. Más bien observamos que perdura una vida cotidiana protegida, vivida con sus rutinas y libertades en un ritmo lento, meditativo, acorde a las estaciones y a la naturaleza, y la existencia es un descubrimiento que se realiza lentamente en la fraternidad de la vida comunitaria, donde un objeto preciado para un muchacho sigue teniendo un valor que probablemente nosotros hemos olvidado. Muchas gracias por la sencillez y la profundidad, y por el calor de la amistad compartida en el frío cine arte de nuestro también lejano país.
JRG.