Tuesday, September 12, 2006

LOS CUATRO GRANDES VOTOS

Pronunciamos habitualmente los cuatro grandes votos cuando tenemos ocasión de participar en la recitación de los sutras. Como leemos en japonés arcaico, el significado suele escapársenos. Decimos algo así como: “Los seres sintientes son innumerables; tomo el voto de liberarlos a todos. Las aflicciones y deseos son ilimitados; tomo el voto de extinguirlos todos. El Dharma, las enseñanzas, son infinitas; tomo el voto de comprenderlas todas. El Camino del Buddha es insuperable; tomo el voto de realizarlo totalmente”.

¿Qué sentido puede tener prometer cosas que desde el punto de vista fáctico, son irrealizables? Me gusta pensarlo como la Utopía. La utopía, dice Galeano, es como el horizonte. Mientras más caminamos hacia ella, más se aleja. ¿Para qué sirve entonces? Precisamente, para caminar. Los votos o promesas nos sirven para caminar, para tener un horizonte, una imagen, una orientación. Nos sirven como luz, allá, aunque no la alcancemos -plenamente- nunca.

No tengo certeza si estos votos coinciden o no con los votos del Bodisatva; no obstante, me gusta entenderlos como  relacionados. En algunas tradiciones del budismo, se habla del guerrero-bodisatva, la persona, hombre o mujer, que intenta ir más allá de sí mismo. “Aquí, en mi ermita de paja, sentado o acostado o caminando, sólo tengo un ruego: hacer pasar a los otros antes que yo”. O: “mientras los cielos y la tierra permanezcan, ojalá pueda permanecer yo también, para ayudar a aliviar el sufrimiento en el mundo”.

Los votos del Bodisatva tienen que ver con la perseverancia en la práctica de zazén; con preceptos éticos que orientan nuestra conducta; con comprender que el sufrimiento de cada uno de los otros, está vinculado conmigo; es en el fondo mi propio sufrimiento. Tiene que ver por tanto con la compasión y por tanto con la acción y nuestra vida en sociedad.

 

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