Thursday, July 6, 2006
Saturday, July 1, 2006
“Lo sagrado del trabajo”. por John Daido Loori.
La abnegación que se enseña y practica en un monasterio tiende a entrar en conflicto con la autoindulgencia que, generalmente, se alienta en nuestra sociedad. En el zendo (hall de meditación), nos reverenciamos mutuamente; en el subte, nos empujamos. En el monasterio, nos ponemos al servicio de los demás; en el mundo, tomamos o arrebatamos. El monasterio puede asumir la forma de un santuario, pero, más bien, es como un horno en el que, mediante el entrenamiento, podemos forjar fortaleza, delicadeza y autoconfianza para enfrentar las situaciones cotidianas de la vida. La práctica del zen no implica aislarse en una montaña para gozar de tranquilidad rechazando la actividad febril del mundo, sino manifestar el budhadharma en todo lo que hacemos para que lo secular sea verdaderamente sagrado. Es necesario ver esto para que nuestro trabajo de todos los días funcione como entrenamiento zen.Hay muchas formas de practicar en el trabajo.Podemos encarar nuestra actividad como una tarea que tiene que ser realizada o como un pasatiempo para evitar el aburrimiento, pero también podemos encararlo como una actividad sagrada, como la expresión del milagro de estar vivo. Lo que practicamos en el zendo es el corazón de la práctica, el núcleo que necesita expresarse en cada cosa que hacemos. Zazén (meditación) no es sólo sentarse con las piernas cruzadas sobre un almohadón; es cultivar un jardín, llegar puntualmente al trabajo, realizar las tareas que tenemos que hacer. El fundamento de esta actitud en el trabajo es la práctica de la atención, de un estado de conciencia en el cual el cuerpo está relajado, los sentidos alerta y la mente clara y concentrada en la tarea que tenemos entre manos. Se trata de una experiencia directa. La práctica de la atención no es una situación estática, se realiza en medio del movimiento de los eventos de nuestra vida cotidiana. Hay momentos en que es necesario volcarse por entero a la tarea que tenemos que hacer, es decir, intensa concentración. En otros momentos, es necesario soltar y moverse. La tendencia es quedarse pegado y pasar a lo siguiente sin dejar atrás los residuos de lo último que hicimos. La práctica de la atención desarrolla la capacidad de fluir, concentrarse y estar en el presente.Ciertas personas consideran equivocadamente que los budistas zen no planifican jamás. Sin embargo, planificar no es una acción orientada hacia una meta, es una actividad que se realiza en el momento presente. Sin un plan, nuestro trabajo tiende a ser ineficaz y disperso. Podemos quedar atrapados en las metas y olvidar que la meta y el proceso que nos lleva a ella son la misma cosa, como las dos caras de una moneda. Cada paso, cada acción que nos acerca a la meta, es la meta en sí misma. Existen simultáneamente, no hay separación. Cuando nos damos cuenta de esto, nuestra preocupación por la meta desaparece y podemos estar plenamente presentes en el momento. Entonces, cada paso es vivido y podemos experimentarlo íntegramente.Un aspecto importante de la práctica de la atención en el trabajo es la preparación, poner al alcance todas las cosas que la tarea requiere. Hace unos años comencé a ritualizar mi preparación para la fotografía mediante varios pasos deliberados: reunir la cámara, el rollo, el fotómetro y los demás instrumentos necesarios de manera de estar listo para tomar fotografías. Me di cuenta de que en este proceso también estaba afinando la mente, preparándola para la tarea que iba a realizar.La práctica de la atención en el trabajo puede ser nuestro maestro si la encaramos de esta manera. Después de desplegar los instrumentos de trabajo, el siguiente paso es realizar la tarea. El arte de este paso es hacer verdaderamente lo que se está haciendo mientras se lo está haciendo. En otras palabras: estar plenamente presente. En zazen buscamos estar presentes en la respiración, ser la respiración, ser el koan, ser íntegramente zazén. Ser la tarea que estamos realizando no es diferente.
Cuando se ha completado el trabajo, se produce una sensación de consumación, la misma que se siente al terminar una obra de arte, sea pintura, fotografía, representación teatral, etc. Así, llegamos al momento de soltarse; hacer una reverencia y reconocer la enseñanza recibida. No importa si la reverencia se realiza frente a algo animado o inanimado; en ambos casos nos estamos reverenciando a nosotros mismos. No hay nada fuera de uno, a menos que lo pongamos fuera de nosotros mismos y esto sólo se realiza según el modo de usar la mente. Para completar el trabajo, hay que limpiar, guardar los instrumentos y recoger los cabos sueltos para no dejar huellas. Esto significa que se lavan los platos, se secan y se guardan, se limpia la mesa, se lava el lavabo, se barre el piso y se recoge la basura. No quedan rastros de que alguien ha comido. Todo parece natural y ordinario.
En la práctica de la atención en el trabajo también enfrentamos problemas que juegan el papel de los koan de la vida cotidiana. Se los puede enfrentar del mismo modo que se encaran los koan en zazén. ¿Cómo encaramos los problemas que se presentan cuando estamos sentados en el zendo? Estamos sentados, atentos a la respiración y oímos un sonido que nos recuerda algo, que nos recuerda otra cosa y luego otra y, de pronto, estamos a mil kilómetros del lugar y hemos olvidado la respiración; estamos perdidos en la imaginación. Entonces, nos damos cuenta de que nos hemos apartado de la respiración y de que estamos morando en los pensamientos. Luego, observamos el pensamiento, lo reconocemos, lo dejamos ir y volvemos a la respiración. No lo evaluamos ni lo analizamos ni lo amamos ni lo odiamos. Si el pensamiento vuelve a aparecer, repetimos el proceso: lo observamos, lo reconocemos, lo soltamos y llevamos nuevamente la atención a la respiración. Cada vez que llevamos la atención a la respiración, reforzamos nuestro poder de concentración. Y si el pensamiento vuelve a aparecer, dejamos que sea, lo dejamos ser. Si vuelve a aparecer el miedo, le damos lugar, lo admitimos. No nos apartamos sino que somos eso porque, si nos apartamos, crece. Cuanto más tratamos de rechazarlo, más fuerza adquiere. Si lo dejamos ser, acaba por extinguirse, completa su ciclo y entonces podemos soltarlo y regresar a la respiración.
El mismo proceso se produce en la práctica de la atención en el trabajo. Cada vez que nos distraemos, reconocemos que esto está sucediendo, soltamos los pensamientos y llevamos nuevamente nuestra atención a la tarea. A veces, en la práctica en el trabajo, igual que en zazén, nos quedamos “pegados” a algo. Para eso está la entrevista con el maestro. Podemos usar la entrevista para ver el problema y encararlo de otra manera. Se transforma en un koan. Y los koan que surgen durante la meditación sentados o durante el trabajo, por lo general, son los más potentes de nuestra vida. Problema no es más que un nombre para una oportunidad de trabajar. Es muy sencillo trabajar cuando todo marcha sobre ruedas, pero es mucho más productivo cuando sentarse causa dificultades. Porque, por lo general, de lo que nos resulta más difícil extraemos mayor enseñanza.
Otro aspecto de la práctica en el trabajo es el silencio. Pero silencio no significa no hablar cuando es necesario o no contestar el teléfono o no dar instrucciones, sino eliminar la charla innecesaria. Cuando es necesario comunicar algo, debemos hacerlo; cuando es tiempo de callar, debemos ser capaces de hacer silencio. Y no sólo exteriormente sino silenciar también el diálogo interior, el hábito de hablar constantemente con uno mismo. Practicar silencio y evitar la charla innecesaria ayuda a lograr la claridad, la receptividad y la concentración necesarias para realizar una buena práctica de la atención en el trabajo.
Esta forma de trabajar no implica preocupación ni estupor. Por el contrario, es darle vida a la actividad, llenarla de fuerza vital: estar despierto y alerta. Es la mente del Camino. (…)Debemos darnos cuenta de que la vida misma y todas sus actividades son la manifestación perfecta del budhadharma. Esta vida es la vida de Buda y las actividades seculares de esta vida son el dharma mismo.
(Tomado de La atención y la vida laboral. Exploraciones sobre el recto modo de vida. Varios autores. Troquel / Estaciones.).