¿Cómo se Estudia el Camino del Buda?
Nos cuesta mucho vivir el presente. En vez de hacerlo, nos lo pasamos en el pasado y en el futuro. Pero como sólo hay presente, no vivimos realmente. Una de las razones para que los budistas nos enfoquemos en la respiración es que sólo respiramos en el presente. Nadie respira en el pasado ni tampoco ha logrado hacerlo en el futuro. El Buda logró la iluminación siguiendo su respiración. Cuando somos uno con nuestra respiración estamos presentes y eso quiere decir, plenamente vivos. Morar en el pasado tiende a producir remordimientos, en tanto pensar el futuro nos hace temerosos porque es impredecible. El único lugar para encontrar paz mental y verdadera felicidad es el presente y la mejor manera de encontrarlo es meditando, sentándose. Luego de aprender a estar presentes en el asiento, podremos hacerlo en nuestra cotidianeidad. Francamente, ya no sé qué quiere decir vivir en el pasado o en el futuro. Es que se hace tan natural. El presente es el estado natural de la mente. Decimos que vivir en el pasado o en el futuro es normal porque es lo que habitualmente hacemos, pero no es lo normal sino a lo que nos acostumbramos.
También nos acostumbramos y apegamos a nuestros pensamientos, ideas, opiniones, creencias, sentimientos y emociones. Puesto que son nuestros, nos identificamos con ellos. Una de las primeras cosas que aprendemos cuando nos sentamos en zazen es a crear espacio en torno a nuestros pensamientos, sentimientos e incluso nuestras ideas. Comenzamos a ser testigos de que las cosas aparecen y luego desaparecen. Habitualmente, tenemos tal apego a ellas que no les permitimos aparecer y luego desaparecer. Tratamos de evitar los pensamientos o sentimientos o, si nos gustan, intentamos aferrarnos a ellos o profundizarlos. Lo hacemos en la noción que somos nuestros pensamientos, ideas, sentimientos y creencias. Todo esto estaría bien si no nos generara un infierno cuando nos cuestionan. Sentir que nuestras creencias son las correctas produce conflicto y eventualmente puede incluso llevar a la guerra. En la meditación tenemos la oportunidad de simplemente sentarnos tranquilamente haciendo algo que raramente hacemos, callarnos y observarnos. Dogen Zenji, uno de los grandes maestros Zen y fundador de nuestro linaje, el Soto, dijo “estudiar el Camino es estudiar el yo”. ¿Cómo estudiar el yo, el Camino del Buda? Sentándonos tranquilamente y observándonos. Pronto descubrimos que tenemos pensamientos, pero que no somos nuestros pensamientos; que tenemos sentimientos, pero que no somos nuestros sentimientos. Tampoco somos nuestras creencias, por firmes que nos parezcan. Soy “eso”, lo que tiene creencias, pensamientos y sentimientos. ¿Pero, qué es “eso”? “Eso” es el gran misterio. En la medida que nuestra meditación profundiza descubrimos que “eso” es inaprensible, que es como intentar aprehender aire. No podemos conocerlo, ni podemos aprehenderlo, pero podemos serlo. Esa es nuestra práctica. Vivir el presente momento a momento, sin aferrarse, más allá del conocimiento.Cuando traemos a colación el yo basado en nuestros pensamientos acerca de quiénes somos, vemos insatisfacción por todas partes, pues las cosas no son nunca suficientemente buenas, siempre tenemos algún juicio acerca de ellas. Cuando damos el paso siguiente y nos olvidamos del yo –como dijera Dogen Zenji, estudiamos el yo para olvidar el yo– nos damos cuenta que cada momento es completo y perfecto tal cual es.Estando en el presente podemos experimentar esa perfección. Esto no quiere decir que el otro lado de la realidad, el lado relativo, no sea verdad. La realidad tiene dos lados. Por un lado está el absoluto, siempre presente, en que todo es perfecto tal cual es en este momento y, por el otro, el relativo en que nada es perfecto. En el lado relativo siempre hay espacio para hacer mejor las cosas. Ambos aspectos de la realidad están siempre completamente unificados e integrados. Pero no podemos ver ambos lados de la realidad –nos trabamos en uno u otro. La mayor parte de nosotros se traba en lo relativo, en pensar en lo bueno y lo malo, lo correcto y lo erróneo, en esto y aquello. Podríamos vivir en el absoluto, en estado de bienaventuranza o de gracia, pero eso sería estar igualmente trabado. Debemos desprendernos de este apego también. Lo que queremos es llegar a manifestarnos libremente en cada momento tal cual es, ni bueno ni malo.En la práctica del Zen se trata de descubrir qué es ser humano. Muchos de nosotros no escogimos concientemente nacer como humanos. No recordamos haber escogido, de modo que nos quejamos. Nos quejamos de nuestras dificultades, del sufrimiento y de cuán injustas son las cosas. Nuestra práctica consiste en descubrir qué es ser humano y luego trascenderlo. Recuerdo haberme trabado en el lado humano de la realidad y a mi maestro gritándome: “nuestra práctica no es acerca de ser humano sino inhumano”. Esto sucedió cuando comenzaba a enseñar –cuando Genpo era un maestro tan humano. Roshi quería que me diera cuenta que eso no era Zen, que me había quedado pegado.Nuestra práctica es aceptar nuestra naturaleza humana y búdica, una humana y la otra desapegada. Hay un bello koan del Tercer Patriarca, el tercer descendiente de Bodhidharma, el gran maestro reconocido por llevar el budismo desde India a China en el año 500 de nuestra era. Dijo: “el camino perfecto, el Camino del Buda, no es difícil. Simplemente aborrece seleccionar y escoger”. En el momento que seleccionamos y escogemos, caemos en todo tipo de juicios y opiniones. Y en todo tipo de apegos. Pero también tenemos el koan del Maestro Joshu: “¿cuál es el camino perfecto que está más allá de seleccionar y escoger?” El punto en cuestión es que si caen en el absoluto tendrán muchas dificultades cuando vayan al supermercado. Debemos trascender no sólo seleccionar y escoger, sino también no seleccionar y no escoger. Con esto volvemos al punto de partida, sólo que ahora somos realmente libres para seleccionar y escoger. ¿Ven la diferencia? No hay sobrantes, ya no hay cosas que deban hacerse o que no deban hacerse.Practicamos Zen para funcionar libremente, en paz con nuestra vida diaria. Pero es solamente en meditación que podemos desarrollar el llamado samadhi –la concentración enfocada y estabilizada. En otras disciplinas, tales como la música o el deporte, el foco no se expande a la vida diaria. Cuando la gente se sienta a meditar por primera vez frecuentemente dicen que se sienten como si hubiesen arribado a casa porque en esta condición se manifiesta nuestra verdadera naturaleza. Con la práctica podemos llevar esto a cada aspecto de nuestras vidas. Cuando encuentren su centro, o naturaleza original, las cosas no los tumbarán porque no estarán tan identificados con la vida y la muerte. Sentarnos es la expresión más natural y orgánica de quienes somos. Algunos de nosotros hemos viajado mucho y nos hemos alejado de casa y por eso sufrimos de añoranza. Un acupunturista alguna vez dijo: “la única enfermedad es la añoranza”. Nos hemos alienado de quiénes somos realmente. Pero cuando descubrimos quiénes somos, comenzamos a vivir una vida más sana y completa.
También nos acostumbramos y apegamos a nuestros pensamientos, ideas, opiniones, creencias, sentimientos y emociones. Puesto que son nuestros, nos identificamos con ellos. Una de las primeras cosas que aprendemos cuando nos sentamos en zazen es a crear espacio en torno a nuestros pensamientos, sentimientos e incluso nuestras ideas. Comenzamos a ser testigos de que las cosas aparecen y luego desaparecen. Habitualmente, tenemos tal apego a ellas que no les permitimos aparecer y luego desaparecer. Tratamos de evitar los pensamientos o sentimientos o, si nos gustan, intentamos aferrarnos a ellos o profundizarlos. Lo hacemos en la noción que somos nuestros pensamientos, ideas, sentimientos y creencias. Todo esto estaría bien si no nos generara un infierno cuando nos cuestionan. Sentir que nuestras creencias son las correctas produce conflicto y eventualmente puede incluso llevar a la guerra. En la meditación tenemos la oportunidad de simplemente sentarnos tranquilamente haciendo algo que raramente hacemos, callarnos y observarnos. Dogen Zenji, uno de los grandes maestros Zen y fundador de nuestro linaje, el Soto, dijo “estudiar el Camino es estudiar el yo”. ¿Cómo estudiar el yo, el Camino del Buda? Sentándonos tranquilamente y observándonos. Pronto descubrimos que tenemos pensamientos, pero que no somos nuestros pensamientos; que tenemos sentimientos, pero que no somos nuestros sentimientos. Tampoco somos nuestras creencias, por firmes que nos parezcan. Soy “eso”, lo que tiene creencias, pensamientos y sentimientos. ¿Pero, qué es “eso”? “Eso” es el gran misterio. En la medida que nuestra meditación profundiza descubrimos que “eso” es inaprensible, que es como intentar aprehender aire. No podemos conocerlo, ni podemos aprehenderlo, pero podemos serlo. Esa es nuestra práctica. Vivir el presente momento a momento, sin aferrarse, más allá del conocimiento.Cuando traemos a colación el yo basado en nuestros pensamientos acerca de quiénes somos, vemos insatisfacción por todas partes, pues las cosas no son nunca suficientemente buenas, siempre tenemos algún juicio acerca de ellas. Cuando damos el paso siguiente y nos olvidamos del yo –como dijera Dogen Zenji, estudiamos el yo para olvidar el yo– nos damos cuenta que cada momento es completo y perfecto tal cual es.Estando en el presente podemos experimentar esa perfección. Esto no quiere decir que el otro lado de la realidad, el lado relativo, no sea verdad. La realidad tiene dos lados. Por un lado está el absoluto, siempre presente, en que todo es perfecto tal cual es en este momento y, por el otro, el relativo en que nada es perfecto. En el lado relativo siempre hay espacio para hacer mejor las cosas. Ambos aspectos de la realidad están siempre completamente unificados e integrados. Pero no podemos ver ambos lados de la realidad –nos trabamos en uno u otro. La mayor parte de nosotros se traba en lo relativo, en pensar en lo bueno y lo malo, lo correcto y lo erróneo, en esto y aquello. Podríamos vivir en el absoluto, en estado de bienaventuranza o de gracia, pero eso sería estar igualmente trabado. Debemos desprendernos de este apego también. Lo que queremos es llegar a manifestarnos libremente en cada momento tal cual es, ni bueno ni malo.En la práctica del Zen se trata de descubrir qué es ser humano. Muchos de nosotros no escogimos concientemente nacer como humanos. No recordamos haber escogido, de modo que nos quejamos. Nos quejamos de nuestras dificultades, del sufrimiento y de cuán injustas son las cosas. Nuestra práctica consiste en descubrir qué es ser humano y luego trascenderlo. Recuerdo haberme trabado en el lado humano de la realidad y a mi maestro gritándome: “nuestra práctica no es acerca de ser humano sino inhumano”. Esto sucedió cuando comenzaba a enseñar –cuando Genpo era un maestro tan humano. Roshi quería que me diera cuenta que eso no era Zen, que me había quedado pegado.Nuestra práctica es aceptar nuestra naturaleza humana y búdica, una humana y la otra desapegada. Hay un bello koan del Tercer Patriarca, el tercer descendiente de Bodhidharma, el gran maestro reconocido por llevar el budismo desde India a China en el año 500 de nuestra era. Dijo: “el camino perfecto, el Camino del Buda, no es difícil. Simplemente aborrece seleccionar y escoger”. En el momento que seleccionamos y escogemos, caemos en todo tipo de juicios y opiniones. Y en todo tipo de apegos. Pero también tenemos el koan del Maestro Joshu: “¿cuál es el camino perfecto que está más allá de seleccionar y escoger?” El punto en cuestión es que si caen en el absoluto tendrán muchas dificultades cuando vayan al supermercado. Debemos trascender no sólo seleccionar y escoger, sino también no seleccionar y no escoger. Con esto volvemos al punto de partida, sólo que ahora somos realmente libres para seleccionar y escoger. ¿Ven la diferencia? No hay sobrantes, ya no hay cosas que deban hacerse o que no deban hacerse.Practicamos Zen para funcionar libremente, en paz con nuestra vida diaria. Pero es solamente en meditación que podemos desarrollar el llamado samadhi –la concentración enfocada y estabilizada. En otras disciplinas, tales como la música o el deporte, el foco no se expande a la vida diaria. Cuando la gente se sienta a meditar por primera vez frecuentemente dicen que se sienten como si hubiesen arribado a casa porque en esta condición se manifiesta nuestra verdadera naturaleza. Con la práctica podemos llevar esto a cada aspecto de nuestras vidas. Cuando encuentren su centro, o naturaleza original, las cosas no los tumbarán porque no estarán tan identificados con la vida y la muerte. Sentarnos es la expresión más natural y orgánica de quienes somos. Algunos de nosotros hemos viajado mucho y nos hemos alejado de casa y por eso sufrimos de añoranza. Un acupunturista alguna vez dijo: “la única enfermedad es la añoranza”. Nos hemos alienado de quiénes somos realmente. Pero cuando descubrimos quiénes somos, comenzamos a vivir una vida más sana y completa.
(Extracto de una charla de Genpo Roshi en Salt Lake City en mayo de 2005. Esta es una traducción libre del texto original en inglés publicado en Hazy Moon: The Zen Review, en otoño del año 2005).
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22:31:48
Desde hace muy poco he comenzado a practicar el zen en busca de mi verdadero yo. Así fui descubriendo el significado de estas palabras que hoy vuelvo a encontrar en esta página. Pero no hay forma de entenderlo hasta que se practica.
Gracias a quien ha publicado este artículo, ya que puede ser que mucha gente comience a practicarlo y comprenda que no se trata de religión, se trata de llegar a nosotros mismos.
Hola Calu, qué bueno que te ha resultado de utilidad este artículo. Que sigas perseverando en tu búsqueda.
Un abrazo.
Judith.
Hola, me gustaría saber como es que uno descubre quien es realmente, como es que se despoja de esa idea falsa de lo que cree que es para verse tal cual es. Es atraves de la practica de la meditación y del estudio, o solo a traves de la practica de la meditación y el paso del tiempo.
Gracias
Hola
Es muy interesante tu pregunta / comentario.
Personalmente siento que es necesaria cierta comprensión o estudio, junto con la práctica de la meditación. Me parece fundamental por ejemplo aproximarse a lo que podríamos llamar cierta ética que viene de las enseñanzas budistas. Pues es importante nuestro comportamiento y nuestras relaciones con los otros, no está separado de la práctica de meditación que eventualmente realizamos.
Y por cierto sin meditación no hay comprensión, ni serenidad, ni equilibrio. Zazén es fundamental.
Esto puedo comentarte desde mi experiencia, que es limitada.
Cordialmente,
judith
Gracias Judith por tus comentarios.