Friday, January 16, 2009

Un nuevo cumpleaños

Acerca de lo que soy y lo que no soy

 

 

No soy cierta cantidad de cosas que quiero ser y, sin embargo, ese no ser es lo que eventualmente me moviliza y me hace ser esbozos de algo

 

Soy muchas cosas que no soy y que me gustaría ser

 

Soy una filósofa que no tiene tiempo para la filosofía. Ocasionalmente un libro subrayado en el camino, una frase en la libreta

 

Soy una antropóloga que casi no hace terreno, que está casi siempre donde mismo y casi siempre con la misma gente

 

Soy casi una monja pero sin comunidad

 

Soy una budista que rara vez practica la meditación

 

Soy una lectora de teología sin fe en Dios ni en la revelación

 

Soy una estudiante de yoga y de artes marciales que hace años que no practica, a pesar de la memoria de la felicidad en el cuerpo

 

Soy una ciclista que no infla las ruedas de su bicicleta, una tenista a la que se le cayó el polvo de ladrillo de las zapatillas hace años

 

Soy una vegetariana, macrobiótica, naturista, que pasa años comiendo carne y pollo y que no cocina más que en contadas ocasiones

 

Soy una educadora que rara vez hace clases

 

Una escritora que no concluye sus escritos y una escritora que no publica

 

A ratos una enamorada que no logra decírselo a la persona que ama

 

Una estudiante que estudia poco, que está obligada a faltar a clases, que a veces calla sus preguntas

 

Una estudiante que emprende iniciativas que no siempre concluye

 

Una terapeuta de Reiki que no tiene pacientes

 

Una promotora de prácticas espirituales que ofrece lugares que no existen

 

Una intérprete de músicas del mundo, a cuyos instrumentos se les cortan las cuerdas por falta de uso

 

Una amante de la vida al aire libre que ya no usa su carpa, porque dormir en el suelo le causa dolor de espalda

 

Una fotógrafa que no imprime sus fotos

 

A mis compañeros les digo: por favor, hagan lo que yo digo, no lo que yo hago

 

Soy todo esto que todavía, próxima a cumplir cuarenta y un años, no alcanzo a ser

 

Ofrezco lo que soy y especialmente lo que todavía no soy, que me tensiona, que no me permite descansar, que desorganiza mi tiempo y mi vida cotidiana con miles de chispazos

 

Felizmente lo que soy –que no sé en qué consiste, en estos retazos quizás- no me desagrada

 

¿Cómo estar a la altura de lo que sabemos que podemos ser?

 

En este cumpleaños 41, agradezco una vez más la amistad, la paciencia, el cariño. Con esperanza.


JRG. 

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Wednesday, July 4, 2007

Cine y espiritualidad.

Vimos una hermosa película filmada en Bután, lejano y casi clausurado país en los Himalayas. La Copa se llama (Khyentse Norbu, 1998, 93′). Refugiados tibetanos, acogidos por India, viven en un monasterio, recreando su cultura y prácticas religiosas. La película es fresca, y nos conecta con un estado de simplicidad e ingenuidad que por lo menos a mí me emociona. La trama es sencilla, cotidiana e inocente. Describe de una manera franca y sensible, sin artificios, sin sofisticación alguna, el choque que en todo el mundo se verifica entre los productos y bienes de la globalización, y las culturas locales. El conflicto está mostrado a través de símbolos como latas de coca cola que son pateadas como pelotas y que algunos personajes emplean para colocar las velas devocionales propias del budismo tibetano.

Todos los conflictos son mostrados desde un punto de vista inocente, como si se tratara de la mirada de niños o de campesinos. O de abades de monasterios, algunos de los cuales con toda seguridad han regresado a la bondad y a la inocencia originales, prístinas, en virtud de su forma de vida y de sus prácticas meditativas. La lata de coca cola; el detergente para la loza que el lama emplea para lavarse el pelo, pues la loza, el pelo o las manos, qué diferencia tienen, son Uno; el mundial de fútbol, visto con entusiasmo por los jóvenes monjes. El conocido y familiar choque tradición – modernidad, cultura local – cultura global, es mostrado con sencillez, sin dramatismo, con inocencia. Incluso el exilio forzado de los tibetanos y el autoritarismo chino aparecen como fenómenos a los que se les resta dureza; son hechos de la vida tal como viene.

En aquel apartado rincón, al que sin embargo llegan gaseosas y una que otra antena parabólica para la televisión, la enseñanza del Buda recreada desde hace 2500 años, permanece en las fábulas, los ritos, el estudio, la práctica, la vida comunitaria. El abad escribe que desea regresar al Tíbet, se pregunta cuál es el recuerdo o la imagen que los jóvenes monjes tienen de su país de origen y piensa día a día como promover que perdure la enseñanza tradicional en un mundo en movimiento, en que los jóvenes se enfrentan a realidades que él ni siquiera imaginó. Sin embargo, en la película ellas se ven lejanas, muy lejanas, aparecen como anécdotas y no como amenazas reales. Más bien observamos que perdura una vida cotidiana protegida, vivida con sus rutinas y libertades en un ritmo lento, meditativo, acorde a las estaciones y a la naturaleza, y la existencia es un descubrimiento que se realiza lentamente en la fraternidad de la vida comunitaria, donde un objeto preciado para un muchacho sigue teniendo un valor que probablemente nosotros hemos olvidado. Muchas gracias por la sencillez y la profundidad, y por el calor de la amistad compartida en el frío cine arte de nuestro también lejano país.

JRG.

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Tuesday, October 3, 2006

La descompartimentación. Thich Nath Hanh.


Thich Nath Hanh, maestro zen de origen vietnamita, es uno de los más importantes maestros zen actualmente vivos. Su práctica de décadas, concentrada en la paz y en la importancia de vivir el momento presente, es una gran ayuda para la vida diaria en nuestras agitadas ciudades. Compartimos un pequeño texto de él, tomado del libro “La paz está en cada paso”.

Nuestra vida está llena de compartimentos. ¿Cómo trasladar la meditación de la sala de meditación a la cocina y la oficina? En la sala de meditación nos sentamos en silencio, tratando de estar atentos a cada respiración. ¿Cómo aprovechar esa práctica una vez que salimos de la sala? Cuando un médico te pone una inyección, no sólo le hace bien al brazo sino a todo el cuerpo. Cuando meditamos media hora al día, esa media hora debería servirnos para todo el día, no sólo para esa media hora. Cada sonrisa, cada respiración debería servirnos para todo el día, no sólo en el instante. Nuestra práctica debería ayudarnos a destruir la barrera que la separa de lo que hacemos el resto del tiempo.

En la sala de meditación caminamos lentamente, prestando atención a cada paso. En cambio, cuando estamos en un aeropuerto o un supermercado, nos comportamos como si fuéramos otra persona, y caminamos aceleradamente, distraídos. ¿Cómo estar en el momento presente en un aeropuerto, en un supermercado? Tengo una amiga que practica respiración conciente entre una llamada telefónica y otra, y eso le ayuda. Otro amigo practica meditación caminando cuando tiene que ir de una reunión de negocios a otra. Camina prestando atención al momento entre los edificios del centro de la ciudad. Los transeúntes le sonríen y las reuniones, por difíciles que sean, suelen ser bastante agradables y fructíferas.

Tendríamos que ser capaces de llevar la práctica de la meditación a la vida cotidiana. Sería bueno que nos preguntáramos juntos cómo hacerlo. ¿Respiras entre una llamada y otra? ¿Sonríes mientras pelas zanahorias? ¿Tratas de relajarte después de trabajar muy concentrado varias horas? Éstas son preguntas prácticas. Cuando aprendes a practicar la meditación a la hora de comer, de descansar o de dormir, pasa a formar parte de tu vida cotidiana y tiene efectos muy significativos en toda la sociedad. El estar plenamente presente puede dejar de ser algo remoto, para pasar a formar parte de la vida diaria, de cada instante, de cada hora.

 

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Tuesday, September 12, 2006

LOS CUATRO GRANDES VOTOS

Pronunciamos habitualmente los cuatro grandes votos cuando tenemos ocasión de participar en la recitación de los sutras. Como leemos en japonés arcaico, el significado suele escapársenos. Decimos algo así como: “Los seres sintientes son innumerables; tomo el voto de liberarlos a todos. Las aflicciones y deseos son ilimitados; tomo el voto de extinguirlos todos. El Dharma, las enseñanzas, son infinitas; tomo el voto de comprenderlas todas. El Camino del Buddha es insuperable; tomo el voto de realizarlo totalmente”.

¿Qué sentido puede tener prometer cosas que desde el punto de vista fáctico, son irrealizables? Me gusta pensarlo como la Utopía. La utopía, dice Galeano, es como el horizonte. Mientras más caminamos hacia ella, más se aleja. ¿Para qué sirve entonces? Precisamente, para caminar. Los votos o promesas nos sirven para caminar, para tener un horizonte, una imagen, una orientación. Nos sirven como luz, allá, aunque no la alcancemos -plenamente- nunca.

No tengo certeza si estos votos coinciden o no con los votos del Bodisatva; no obstante, me gusta entenderlos como  relacionados. En algunas tradiciones del budismo, se habla del guerrero-bodisatva, la persona, hombre o mujer, que intenta ir más allá de sí mismo. “Aquí, en mi ermita de paja, sentado o acostado o caminando, sólo tengo un ruego: hacer pasar a los otros antes que yo”. O: “mientras los cielos y la tierra permanezcan, ojalá pueda permanecer yo también, para ayudar a aliviar el sufrimiento en el mundo”.

Los votos del Bodisatva tienen que ver con la perseverancia en la práctica de zazén; con preceptos éticos que orientan nuestra conducta; con comprender que el sufrimiento de cada uno de los otros, está vinculado conmigo; es en el fondo mi propio sufrimiento. Tiene que ver por tanto con la compasión y por tanto con la acción y nuestra vida en sociedad.

 

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Thursday, July 6, 2006

Libros Budistas

 

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Saturday, July 1, 2006

“Lo sagrado del trabajo”. por John Daido Loori.

Las tareas ordinarias de la vida cotidiana pueden transformarse en oportunidades para practicar. Cuando los alumnos alcanzan cierta madurez en la práctica del zazén, llegan a una claridad e integridad equivalente en todo lo que hacen. El ámbito laboral se transforma en un entorno de práctica activa de zazén y proporciona oportunidades para examinar los hábitos y las propias maneras de hacer las cosas.
La abnegación que se enseña y practica en un monasterio tiende a entrar en conflicto con la autoindulgencia que, generalmente, se alienta en nuestra sociedad. En el zendo (hall de meditación), nos reverenciamos mutuamente; en el subte, nos empujamos. En el monasterio, nos ponemos al servicio de los demás; en el mundo, tomamos o arrebatamos. El monasterio puede asumir la forma de un santuario, pero, más bien, es como un horno en el que, mediante el entrenamiento, podemos forjar fortaleza, delicadeza y autoconfianza para enfrentar las situaciones cotidianas de la vida. La práctica del zen no implica aislarse en una montaña para gozar de tranquilidad rechazando la actividad febril del mundo, sino manifestar el budhadharma en todo lo que hacemos para que lo secular sea verdaderamente sagrado. Es necesario ver esto para que nuestro trabajo de todos los días funcione como entrenamiento zen.Hay muchas formas de practicar en el trabajo.Podemos encarar nuestra actividad como una tarea que tiene que ser realizada o como un pasatiempo para evitar el aburrimiento, pero también podemos encararlo como una actividad sagrada, como la expresión del milagro de estar vivo. Lo que practicamos en el zendo es el corazón de la práctica, el núcleo que necesita expresarse en cada cosa que hacemos. Zazén (meditación) no es sólo sentarse con las piernas cruzadas sobre un almohadón; es cultivar un jardín, llegar puntualmente al trabajo, realizar las tareas que tenemos que hacer. El fundamento de esta actitud en el trabajo es la práctica de la atención, de un estado de conciencia en el cual el cuerpo está relajado, los sentidos alerta y la mente clara y concentrada en la tarea que tenemos entre manos. Se trata de una experiencia directa. La práctica de la atención no es una situación estática, se realiza en medio del movimiento de los eventos de nuestra vida cotidiana. Hay momentos en que es necesario volcarse por entero a la tarea que tenemos que hacer, es decir, intensa concentración. En otros momentos, es necesario soltar y moverse. La tendencia es quedarse pegado y pasar a lo siguiente sin dejar atrás los residuos de lo último que hicimos. La práctica de la atención desarrolla la capacidad de fluir, concentrarse y estar en el presente.Ciertas personas consideran equivocadamente que los budistas zen no planifican jamás. Sin embargo, planificar no es una acción orientada hacia una meta, es una actividad que se realiza en el momento presente. Sin un plan, nuestro trabajo tiende a ser ineficaz y disperso. Podemos quedar atrapados en las metas y olvidar que la meta y el proceso que nos lleva a ella son la misma cosa, como las dos caras de una moneda. Cada paso, cada acción que nos acerca a la meta, es la meta en sí misma. Existen simultáneamente, no hay separación. Cuando nos damos cuenta de esto, nuestra preocupación por la meta desaparece y podemos estar plenamente presentes en el momento. Entonces, cada paso es vivido y podemos experimentarlo íntegramente.Un aspecto importante de la práctica de la atención en el trabajo es la preparación, poner al alcance todas las cosas que la tarea requiere. Hace unos años comencé a ritualizar mi preparación para la fotografía mediante varios pasos deliberados: reunir la cámara, el rollo, el fotómetro y los demás instrumentos necesarios de manera de estar listo para tomar fotografías. Me di cuenta de que en este proceso también estaba afinando la mente, preparándola para la tarea que iba a realizar.La práctica de la atención en el trabajo puede ser nuestro maestro si la encaramos de esta manera. Después de desplegar los instrumentos de trabajo, el siguiente paso es realizar la tarea. El arte de este paso es hacer verdaderamente lo que se está haciendo mientras se lo está haciendo. En otras palabras: estar plenamente presente. En zazen buscamos estar presentes en la respiración, ser la respiración, ser el koan, ser íntegramente zazén. Ser la tarea que estamos realizando no es diferente.           

Cuando se ha completado el trabajo, se produce una sensación de consumación, la misma que se siente al terminar una obra de arte, sea pintura, fotografía, representación teatral, etc. Así, llegamos al momento de soltarse; hacer una reverencia y reconocer la enseñanza recibida. No importa si la reverencia se realiza frente a algo animado o inanimado; en ambos casos nos estamos reverenciando a nosotros mismos. No hay nada fuera de uno, a menos que lo pongamos fuera de nosotros mismos y esto sólo se realiza según el modo de usar la mente. Para completar el trabajo, hay que limpiar, guardar los instrumentos y recoger los cabos sueltos para no dejar huellas. Esto significa que se lavan los platos, se secan y se guardan, se limpia la mesa, se lava el lavabo, se barre el piso y se recoge la basura. No quedan rastros de que alguien ha comido. Todo parece natural y ordinario.

En la práctica de la atención en el trabajo también enfrentamos problemas que juegan el papel de los koan de la vida cotidiana. Se los puede enfrentar del mismo modo que se encaran los koan en zazén. ¿Cómo encaramos los problemas que se presentan cuando estamos sentados en el zendo? Estamos sentados, atentos a la respiración y oímos un sonido que nos recuerda algo, que nos recuerda otra cosa y luego otra y, de pronto, estamos a mil kilómetros del lugar y hemos olvidado la respiración; estamos perdidos en la imaginación. Entonces, nos damos cuenta de que nos hemos apartado de la respiración y de que estamos morando en los pensamientos. Luego, observamos el pensamiento, lo reconocemos, lo dejamos ir y volvemos a la respiración. No lo evaluamos ni lo analizamos ni lo amamos ni lo odiamos. Si el pensamiento vuelve a aparecer, repetimos el proceso: lo observamos, lo reconocemos, lo soltamos y llevamos nuevamente la atención a la respiración. Cada vez que llevamos la atención a la respiración, reforzamos nuestro poder de concentración. Y si el pensamiento vuelve a aparecer, dejamos que sea, lo dejamos ser. Si vuelve a aparecer el miedo, le damos lugar, lo admitimos. No nos apartamos sino que somos eso porque, si nos apartamos, crece. Cuanto más tratamos de rechazarlo, más fuerza adquiere. Si lo dejamos ser, acaba por extinguirse, completa su ciclo y entonces podemos soltarlo y regresar a la respiración.

El mismo proceso se produce en la práctica de la atención en el trabajo. Cada vez que nos distraemos, reconocemos que esto está sucediendo, soltamos los pensamientos y llevamos nuevamente nuestra atención a la tarea. A veces, en la práctica en el trabajo, igual que en zazén, nos quedamos “pegados” a algo. Para eso está la entrevista con el maestro. Podemos usar la entrevista para ver el problema y encararlo de otra manera. Se transforma en un koan. Y los koan que surgen durante la meditación sentados o durante el trabajo, por lo general, son los más potentes de nuestra vida. Problema no es más que un nombre para una oportunidad de trabajar. Es muy sencillo trabajar cuando todo marcha sobre ruedas, pero es mucho más productivo cuando sentarse causa dificultades. Porque, por lo general, de lo que nos resulta más difícil extraemos mayor enseñanza.

Otro aspecto de la práctica en el trabajo es el silencio. Pero silencio no significa no hablar cuando es necesario o no contestar el teléfono o no dar instrucciones, sino eliminar la charla innecesaria. Cuando es necesario comunicar algo, debemos hacerlo; cuando es tiempo de callar, debemos ser capaces de hacer silencio. Y no sólo exteriormente sino silenciar también el diálogo interior, el hábito de hablar constantemente con uno mismo. Practicar silencio y evitar la charla innecesaria ayuda a lograr la claridad, la receptividad y la concentración necesarias para realizar una buena práctica de la atención en el trabajo.

Esta forma de trabajar no implica preocupación ni estupor. Por el contrario, es darle vida a la actividad, llenarla de fuerza vital: estar despierto y alerta. Es la mente del Camino. (…)Debemos darnos cuenta de que la vida misma y todas sus actividades son la manifestación perfecta del budhadharma. Esta vida es la vida de Buda y las actividades seculares de esta vida son el dharma mismo.

(Tomado de La atención y la vida laboral. Exploraciones sobre el recto modo de vida. Varios autores. Troquel / Estaciones.).

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Wednesday, June 21, 2006

¿Cómo se Estudia el Camino del Buda?

Nos cuesta mucho vivir el presente. En vez de hacerlo, nos lo pasamos en el pasado y en el futuro. Pero como sólo hay presente, no vivimos realmente. Una de las razones para que los budistas nos enfoquemos en la respiración es que sólo respiramos en el presente. Nadie respira en el pasado ni tampoco ha logrado hacerlo en el futuro. El Buda logró la iluminación siguiendo su respiración. Cuando somos uno con nuestra respiración estamos presentes y eso quiere decir, plenamente vivos. Morar en el pasado tiende a producir remordimientos, en tanto pensar el futuro nos hace temerosos porque es impredecible. El único lugar para encontrar paz mental y verdadera felicidad es el presente y la mejor manera de encontrarlo es meditando, sentándose. Luego de aprender a estar presentes en el asiento, podremos hacerlo en nuestra cotidianeidad. Francamente, ya no sé qué quiere decir vivir en el pasado o en el futuro. Es que se hace tan natural. El presente es el estado natural de la mente. Decimos que vivir en el pasado o en el futuro es normal porque es lo que habitualmente hacemos, pero no es lo normal sino a lo que nos acostumbramos.
También nos acostumbramos y apegamos a nuestros pensamientos, ideas, opiniones, creencias, sentimientos y emociones. Puesto que son nuestros, nos identificamos con ellos. Una de las primeras cosas que aprendemos cuando nos sentamos en zazen es a crear espacio en torno a nuestros pensamientos, sentimientos e incluso nuestras ideas. Comenzamos a ser testigos de que las cosas aparecen y luego desaparecen. Habitualmente, tenemos tal apego a ellas que no les permitimos aparecer y luego desaparecer. Tratamos de evitar los pensamientos o sentimientos o, si nos gustan, intentamos aferrarnos a ellos o profundizarlos. Lo hacemos en la noción que somos nuestros pensamientos, ideas, sentimientos y creencias. Todo esto estaría bien si no nos generara un infierno cuando nos cuestionan. Sentir que nuestras creencias son las correctas produce conflicto y eventualmente puede incluso llevar a la guerra. En la meditación tenemos la oportunidad de simplemente sentarnos tranquilamente haciendo algo que raramente hacemos, callarnos y observarnos. Dogen Zenji, uno de los grandes maestros Zen y fundador de nuestro linaje, el Soto, dijo “estudiar el Camino es estudiar el yo”. ¿Cómo estudiar el yo, el Camino del Buda? Sentándonos tranquilamente y observándonos. Pronto descubrimos que tenemos pensamientos, pero que no somos nuestros pensamientos; que tenemos sentimientos, pero que no somos nuestros sentimientos. Tampoco somos nuestras creencias, por firmes que nos parezcan. Soy “eso”, lo que tiene creencias, pensamientos y sentimientos. ¿Pero, qué es “eso”? “Eso” es el gran misterio. En la medida que nuestra meditación profundiza descubrimos que “eso” es inaprensible, que es como intentar aprehender aire. No podemos conocerlo, ni podemos aprehenderlo, pero podemos serlo. Esa es nuestra práctica. Vivir el presente momento a momento, sin aferrarse, más allá del conocimiento.Cuando traemos a colación el yo basado en nuestros pensamientos acerca de quiénes somos, vemos insatisfacción por todas partes, pues las cosas no son nunca suficientemente buenas, siempre tenemos algún juicio acerca de ellas. Cuando damos el paso siguiente y nos olvidamos del yo –como dijera Dogen Zenji, estudiamos el yo para olvidar el yo– nos damos cuenta que cada momento es completo y perfecto tal cual es.Estando en el presente podemos experimentar esa perfección. Esto no quiere decir que el otro lado de la realidad, el lado relativo, no sea verdad.  La realidad tiene dos lados. Por un lado está el absoluto, siempre presente, en que todo es perfecto tal cual es en este momento y, por el otro, el relativo en que nada es perfecto. En el lado relativo siempre hay espacio para hacer mejor las cosas. Ambos aspectos de la realidad están siempre completamente unificados e integrados. Pero no podemos ver ambos lados de la realidad –nos trabamos en uno u otro. La mayor parte de nosotros se traba en lo relativo, en pensar en lo bueno y lo malo, lo correcto y lo erróneo, en esto y aquello. Podríamos vivir en el absoluto, en estado de bienaventuranza o de gracia, pero eso sería estar igualmente trabado. Debemos desprendernos de este apego también. Lo que queremos es llegar a manifestarnos libremente en cada momento tal cual es, ni bueno ni malo.En la práctica del Zen se trata de descubrir qué es ser humano. Muchos de nosotros no escogimos concientemente nacer como humanos. No recordamos haber escogido, de modo que nos quejamos. Nos quejamos de nuestras dificultades, del sufrimiento y de cuán injustas son las cosas. Nuestra práctica consiste en descubrir qué es ser humano y luego trascenderlo. Recuerdo haberme trabado en el lado humano de la realidad y a mi maestro gritándome: “nuestra práctica no es acerca de ser humano sino inhumano”. Esto sucedió cuando comenzaba a enseñar –cuando Genpo era un maestro tan humano. Roshi quería que me diera cuenta que eso no era Zen, que me había quedado pegado.Nuestra práctica es aceptar nuestra naturaleza humana y búdica, una humana y la otra desapegada. Hay un bello koan del Tercer Patriarca, el tercer descendiente de Bodhidharma, el gran maestro reconocido por llevar el budismo desde India a China en el año 500 de nuestra era. Dijo: “el camino perfecto, el Camino del Buda, no es difícil. Simplemente aborrece seleccionar y escoger”. En el momento que seleccionamos y escogemos, caemos en todo tipo de juicios y opiniones. Y en todo tipo de apegos. Pero también tenemos el koan del Maestro Joshu: “¿cuál es el camino perfecto que está más allá de seleccionar y escoger?” El punto en cuestión es que si caen en el absoluto tendrán muchas dificultades cuando vayan al supermercado. Debemos trascender no sólo seleccionar y escoger, sino también no seleccionar y no escoger. Con esto volvemos al punto de partida, sólo que ahora somos realmente libres para seleccionar y escoger. ¿Ven la diferencia? No hay sobrantes, ya no hay cosas que deban hacerse o que no deban hacerse.Practicamos Zen para funcionar libremente, en paz con nuestra vida diaria. Pero es solamente en meditación que podemos desarrollar el llamado samadhi –la concentración enfocada y estabilizada. En otras disciplinas, tales como la música o el deporte, el foco no se expande a la vida diaria. Cuando la gente se sienta a meditar por primera vez frecuentemente dicen que se sienten como si hubiesen arribado a casa porque en esta condición se manifiesta nuestra verdadera naturaleza. Con la práctica podemos llevar esto a cada aspecto de nuestras vidas. Cuando encuentren su centro, o naturaleza original, las cosas no los tumbarán porque no estarán tan identificados con la vida y la muerte. Sentarnos es la expresión más natural y orgánica de quienes somos. Algunos de nosotros hemos viajado mucho y nos hemos alejado de casa y por eso sufrimos de añoranza. Un acupunturista alguna vez dijo: “la única enfermedad es la añoranza”. Nos hemos alienado de quiénes somos realmente. Pero cuando descubrimos quiénes somos, comenzamos a vivir una vida más sana y completa.

(Extracto de una charla de Genpo Roshi en Salt Lake City en mayo de 2005. Esta es una traducción libre del texto original en inglés publicado en Hazy Moon: The Zen Review, en otoño del año 2005).
 
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Wednesday, May 24, 2006

“Limpiar la mente”


“Tal como comenzamos a preparar una comida limpiando la cocina, es útil empezar el día limpiando la mente. En el budismo zen, podemos limpiar la mente por el proceso de meditación o zazen. Para mí, zazen es una actividad como dormir, comer, beber o ir al baño: si no cuido de esas funciones naturales, siento una diferencia en mí mismo. Y si no me siento a meditar, mi estabilidad decrece y me noto descentrado. No practicamos para alcanzar la iluminación, tal como no comemos o respiramos para estar vivos. Porque estamos vivos, respiramos. Porque estamos vivos, comemos. Porque estamos iluminados, hacemos zazen. Dogen dice que zazen es una manifestación del estado iluminado. Practicamos y reconocemos todo lo que hacemos como una manifestación de la condición de iluminación.Los ingredientes básicos son muy simples: un espacio para meditar. Un almohadón o una silla para meditar. Y tu cuerpo y tu mente.Elige un momento del día en que las posibilidades de ser interrumpido sean mínimas –temprano en la mañana, antes que la mayoría de la gente se haya levantado, por ejemplo. Encuentra un espacio apacible, ni muy oscuro ni muy luminoso, en donde no vayas a ser molestado. Si es necesario, cierra la puerta. Haz el espacio estéticamente placentero. Dependiendo de tu gusto, incluye una imagen de inspiración o un objeto natural como una roca o una flor. Ponte ropa cómoda, holgada.Asume una posición cómoda. La espalda derecha y sin tensión. No te apoyes sobre la pared o el respaldo de la silla. Mantén el mentón suavemente recogido. Posa tu mano derecha, palma arriba, en tu regazo, y tu mano izquierda, palma arriba, sobre tu mano derecha. Los pulgares apenas se tocan. Esta posición se llama el mudra cósmico y crea un ambiente reposado para la mente.Si te sientas en una silla, apoya tus pies paralelos sobre el suelo con las rodillas separadas por 15 cms. aproximadamente. Si te sientas en un cojín, ajusta su altura de modo que ambas rodillas descansen en el suelo. El triángulo equilátero formado por esta posición da soporte a la espalda y la columna.Deja tus ojos medio abiertos, medio cerrados, posados suavemente en un punto del suelo aproximadamente a un metro delante de ti. Esto permitirá a tus músculos oculares relajarse mientras mantienes un estado mental de alerta.Apoya la punta de tu lengua en el techo del paladar, detrás de tus dientes frontales superiores. Mantén tu boca cerrada y respira por la nariz.Concéntrate en la respiración. Atiende la inhalación y la exhalación. Cuando inhalas, cuenta uno. Cuando exhalas, cuenta dos. Continúa hasta diez y luego repite de uno a diez de nuevo. En la medida que los pensamientos (emociones, imágenes) surjan, déjalos ir y venir. Mantén tu atención en la enumeración. Cuando notes que los pensamientos te han distraído y has perdido tu cuenta, retorna gentilmente a ella. Comienza de nuevo en uno.Continúa por un mínimo de dos y un máximo treinta minutos. Repítelo diariamente –o al menos una vez por semana. (…) … Al hablar de zazen, me gusta usar la metáfora de la luna en el lago. Nuestros pensamientos y emociones son como las olas que perturban su superficie, de modo que no podemos ver la luna reflejada en él. Por cierto que ella está siempre ahí, aunque no podamos verla. Es asimismo importante ver las ondas. Pero aún requerimos distinguir la luna claramente para saber que está allí. De modo que al meditar, cuando dejamos las ondas de nuestros pensamientos y las olas de nuestras emociones asentarse, es como si hubiéramos aclarado el lago para que la luna pudiera aparecer”. Cocina Zen. Enseñanzas de vida. B. Glassman y R. Fields. Cuatro Vientos.

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Tuesday, May 23, 2006

BIENVENIDOS A ESTE ESPACIO

Hola a todos.

Hace algunas semanas iniciamos la experiencia de practicar zazén en nuestra oficina; hoy abrimos este espacio con el fin de compartir, entre nosotros y con otros, la experiencia de meditar en la ciudad, en medio del ruido y de la prisa, en el contexto del trabajo cotidiano realizado en función de nosotros mismos, de nuestras familias, de nuestra sociedad…

La confianza en que la práctica de la meditación puede ayudarnos a experimentar nuestra vida cotidiana con más serenidad, paz y conciencia, nos impulsa a compartir este espacio.

Nuestro modesto dojo cemento y nubes, que es en verdad el cubrepiso al costado de un escritorio, es un pequeño espacio para cultivar la atención en nuestro cotidiano acontecer.

Bienvenidos vuestros comentarios, sugerencias y aportes.

¡¡ Buen zazén !!

Santiago Centro, fono 09 - 8832848.

 

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COMPARTIENDO LA PRÁCTICA

Por razones de espacio no invitamos a asistir a nuestras prácticas -el costado del escritorio está casi lleno-, la invitación, y la razón de ser de este blog, es compartir inquietudes y experiencias en lo que se refiere al sentido de la meditación budista zen en la ciudad, en el contexto laboral, en medio de las complejidades del “mundo”.

La meditación nos conecta con un espacio interno silencioso, fértil, vivo. Necesitamos silencio interno y también externo para vivir con cierto equilibrio. Sin embargo, a mi juicio, esa vivencia, por más que nos satisfaga, debe conectarnos también con los otros, con el trabajo que hacemos, con las que personas que encontramos en nuestra vida diaria.

Esperamos vuestras impresiones, reflexiones y comentarios.

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